escultur

Toda escultura vive en una paradoja, pues siendo un objeto inanimado lo que trata en esencia es de expresar de alguna forma la vida, la móvil y mudable vida incansable. De ahí que cuando una escultura, cualquier escultura, consigue convencernos de que está viva no podamos sino sentirnos aplastados por la sensación de que estamos ante un acto mágico. ¿Cómo se las ha arreglado el artista para conferirle vida a lo que no la tenía? Responder a esta pregunta significaría tener un secreto que no tengo. Lo que sí tengo es la certeza de que las esculturas de María Chacón están dotadas de esa cualidad que, por principios, se le niega a la escultura: la vida. Se las arregla para hacer que una extraña coalición de herramientas componga un animal mitológico e inolvidable, que una danza de hélices sean algo misterioso, latente. Sus obras le devuelven, con una elegancia inexplicable, vida y expresión a objetos que podrían estar tirados en el suelo de un taller sin que nos susurrasen nada: y ese es su milagro, que esos objetos de repente, compongan criaturas extraordinarias que se nos agarran a la memoria con la potencia de los seres que parecen llegados a nuestro mundo desde un mundo superior regido por una sola ley: la belleza está en todas partes.

                               Juan Bonilla. Poeta y escritor

© 2016 por María Chacón Moreno

28005, Madrid.