pintura 

LOBANITAS
SILENCIO
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En la pintura de María Chacón suena un silencio extraordinario: quiero decir, no es que el silencio sea en sus cuadros mera ausencia de sonido, es que se escucha, porque lo que pinta es precisamente silencio. Edificios, vías de tren, viejos portales, incluso en un retrato bajo el agua: un silencio que se palpa. Lo frecuente en la pintura es que nos dejemos llevar por las sensaciones que un cuadro le proponga a nuestra mirada, pero su pintura interpela a otros sentidos, no sólo a la vista -decir que sus cuadros están muy bien pintados, exquisitamente pintados, hablar de su talento evidente para plantar en un cuadro con nitidez decisiva sería una ordinariez, está tan a la vista que no hace falta hacer hincapié en ello- sino también al oído, porque es como si el silencio que se contiene en los cuadros de María Chacón tuviera la facultad de salir de ellos y alcanzarnos, abrigarnos, como para llevarnos a esa dimensión en la que su pintura ha captado un momento del atardecer en la gran ciudad o un instante igual a tantos otros entre los vagones de mercancías. Para hablar de cierta poesía que no reside en las palabras, sino en los gestos, José Bergamín hablaba, haciendo pie en San Juan de la Cruz, de "una música callada": es un sintagma perfecto para expresar lo que los cuadros de María Chacón proponen y consiguen. Una música callada que nos envuelve como si no pudiéramos conformarnos con contemplar sus cuadros y nos dejáramos contagiar de esa paz, de esa belleza, de esa serenidad que hay en ellos, y hacen mejor al mundo.

                                  Juan Bonilla. Poeta y escritor

© 2016 por María Chacón Moreno

28005, Madrid.