time projector 

La relación palabra e imagen de esta obra se gestiona a través de luces y sombras proyectadas.

Origen del proceso: Agustín García Calvo, Sermón de ser o no ser

Gestación y proceso del poema. Time projector es una incursión dentro del mundo de la proyección en Super8.

 

Técnicamente es un plano secuencia construido con un proyector Super 8 y un conjunto de cristales de diferentes tamaños que coloco de forma aleatoria y secuencial delante de su objetivo, provocando luces y sombras sobre una pantalla. Los resultados de esta propuesta, ilucinaciones, los filmo con una cámara digital.

 

 

El resultado está formado por imágenes monocromas y sonoras, versos, que juntos forman un poema, Time projector.

 

 

El uso del projector Super 8 como fuente de origen del poema con sus luces, sombras y sonido que se dibujan de manera aleatoria sobre la pantalla sugieren retazos de películas perdidas o quemadas por el tiempo… A pesar de la aparente simpleza no he podido dejar de sorprenderme durante el proceso de la capacidad estética e hipnótica de estas imágenes en movimiento y cómo la descontextualización del proceso compositivo del poema nos inquieta y nos aporta nuevos conceptos, ideas e impresiones.

 

 

 

Las imágenes de la película -una película sin contenido aparente- emergen, como variaciones de un mismo instante, siguiendo un ritmo de intervalos que acaba por ser condición indispensable para alcanzar la conciencia de que el tiempo se dispara en dos dimensiones distintas: la de su propio paso habitual, la de su latido, que el uso común de la lengua expresa gráficamente con la expresión onomatopéyica tic-tac, y la de esos momentos que contienen relámpagos y que por eso mismo, por decirlo con insuficiencia, se salen del propio tiempo, a la vez son tiempo y no lo son, ahondan en la propia superficie del tiempo para alcanzar una región distinta. ¿Cómo puede no tener tiempo un momento si un momento es precisamente tiempo? Pues porque hay momentos que no son sólo tiempo, y al ser algo más que mero tiempo, matizan que lo sustancial en ellos ha traspasado la condición de tiempo, son ya una iluminación.

Son esos compases de oscuridad, de tiempo sostenido por la propia naturaleza del tiempo -que es pasar, tiempo es aquello que pasa, aquello que no se detiene- lo que dan sentido a las iluminaciones con las que se recalca que esa naturaleza tiene otra dimensión, y a esa dimensión se llega por fogonazos que a la vez que se incrustan en el caudal del tiempo, lo hieren, lo llenan de algo, de una luz precipitada que no quiere parar el tiempo -cosa inverosímil- sino hallar en él esos huecos en los mensurable, que no se pueda medir ni contar.

© 2016 por María Chacón Moreno

28005, Madrid.